¿Qué vamos a hacer los hombres, ahora que estamos a casi un mes desde que del 8 de marzo (Día Internacional de la Mujer Trabajadora) pasó y que el paro de labores #UnDiaSinNosotras, en algunos países de Latinoamérica, se llevó con éxito?
Estaría muy bien que no hagamos como que no pasó nada, como que la pandemia por el Covid-19 es lo único relevante del año, y que ya olvidamos el mensaje. Muchos hombres lo hicieron como que no entendieron el mensaje, algunos de maneras más lamentables que otras. Sí, quizá algunos adolescentes no puedan hacer más conciencia, debido al entorno social, o a la estructura super machista que es predominante en todos lados, y en muchos países de habla hispana.
Pero, vaya, ¿hacer una carne asada en la escuela celebrando que no hay mujeres? ¿Llevar las consolas y jugar todo el día, como si fuera una reunión con amigos? Tache a los alumnos, que son incapaces de tener empatía con las mujeres con las que comparten aula cinco días a la semana, pero super tache a las autoridades educativas que permiten que algo así pase, en lugar de aprovechar el día para tocar el tema de violencia de género.
“Pero no, Miguel, no es de hombres contra mujeres, es de gente buena contra gente mala”.

¿Cuál es el problema con esa frase? Que aporta CERO para entender el problema de violencia que estamos viendo. Es como decir “los asesinatos son un problema de asesinos contra asesinados”. Sí, es claro que hay perpetradores y víctimas, pero si queremos entender el fenómeno de violencia para detenerla y prevenirla, necesitamos mirar más adentro:
- Víctimas de Violencia intrafamiliar: 76% son mujeres.
- Víctimas de Abuso sexual: 75% son mujeres.
- Víctimas de Hostigamiento sexual: 80% son mujeres.
- Víctimas de Violación sexual: 80% son mujeres.
- Víctimas de Incesto: 90% son mujeres.
- Víctimas de Rapto: 92% son mujeres.
- Víctimas de Acoso: 90% son mujeres.
- Víctimas de Homicidio: 74% son hombres.
¿Y qué tal está conformada la población de imputados por estos mismos delitos?
- Imputados por Violencia intrafamiliar: 82% son hombres.
- Imputados por Abuso sexual: 93% son hombres.
- Imputados por Hostigamiento sexual: 95% son hombres.
- Imputados por Violación sexual: 90% son hombres.
- Imputados por Incesto: 64% son hombres.
- Imputados por Rapto: 86% son hombres.
- Imputados por Acoso: 88% son hombres.
- Imputados por Homicidio: 90% son hombres.

Así que como ven, aunque el número de víctimas de muertes violentas de hombres supera al de mujeres, el porcentaje de víctimas mujeres en los delitos sexuales supera ampliamente al de hombres. POR MUCHO. Y en siete de los ocho delitos mencionados, el porcentaje de perpetradores hombres supera con creces al de perpetradoras. Un estudio del FBI encontró que en Estados Unidos, más del 96% de las masacres no relacionadas a robo o tráfico de sustancias ilícitas, son cometidas por hombres.

Sí, quizá no es un asunto de hombres contra mujeres, sino de hombres contra hombres y mujeres. Que las mujeres ejercen violencia también, sí. Que la mataviejitas, sí. Que la reina del sur, sí. Pero, como las cifras que les comparto revelan, si miramos un poco más, hay un género que, por mucho, ejerce más violencia que el otro.

¿Por qué los hombres ejecutamos la mayor parte de la violencia?
Las razones dan para hablar horas y horas. Es mucho, mucho, mucho aprendizaje. En muchísimos casos, en muchísimos lugares, se nos enseñó o se nos obligó a guardar nuestra expresividad. Cuando éramos niños pequeños, podíamos llorar entre nosotros, pero pronto todo el entorno nos enseñó que eso estaba mal. Si éramos hombres, teníamos que ser fuertes, no llorar, y si queríamos ser alguien, teníamos que no solo ser más fuertes que los demás, sino demostrarlo. ¿Cómo se demuestra que eres más fuerte que los demás? Sí, con violencia. ¿Por qué nuestra forma de ser hombres es tan violenta con tantos hombres?
Usamos la violencia a veces contra amigos, para escondernos de lo que sentimos, muchas veces con nuestra pareja, y qué decir sobre el uso de violencia contra nosotros mismos. Porque aprender a limitarnos a sólo expresar nuestras emociones sólo por medio de violencia restringe mucho de lo que somos. Y lo peor es que conforme pasan los años, vamos perdiendo alternativas a esa forma de expresar, vamos olvidando que sabíamos ser y sentir de otra manera. Y parte del problema es que los hombres podemos ser más que un tipo tosco y agresivo. Queremos serlo, solo que ya olvidamos cómo.

En México, los hombres somos el 81% de muertes por suicidio y se calcula que somos el 87% de los adultos que abusan del alcohol. Claramente el aprendizaje de expresarnos sólo por medio de violencia nos está haciendo daño. El modelo de hiper masculinidad tóxica en el que vivimos y al que en algún o muchos momentos de nuestra vida hemos aspirado, debe acabarse.
No se trata de desaparecer a los hombres del planeta. Pero muchos, muchos de nosotros hemos perdido cosas por culpa de este modelo apestoso patriarcal y super machista. Nos hará muy bien irnos deshaciendo de él. Además, nos conviene.

Y digo que esto nos conviene por otra siguiente razón: lo van a tirar. No dejemos que la pandemia nos haga creer lo contrario. Cruzamos el punto de inflexión. Ya no es si sí, sino cuándo. Hay un punto siempre en el que ya no hay vuelta atrás en el cambio, el momento en el que la dirección es una, y una nada más. Tardará años en consumarse, quizá hasta décadas, pero ocurrirá.
Lo van a tirar. Nos lo van a tirar. Estamos en diferentes posiciones, unos más patriarcados que otros, unos más beneficiados que otros, unos más lastimados que otros, pero igualmente todos parados encima. Y si no podemos encontrarnos fuera de ese espacio, y aprender a vivir fuera de su agresivo orden, nos caeremos con él.
