¿Por qué vivir con VIH es lo mejor que me ha pasado? - El Closet LGBT
Síguenos en

Estilo de vida

¿Por qué vivir con VIH es lo mejor que me ha pasado?

Publicado

el

Al leer el encabezado de la nota seguro pensaste: ¿¿¿WTF??? Y no te culpo. Estar agradecido por vivir con un virus que hasta hace algunos años era mortal, no solo suena absurdo, sino que parecería una franca (e irresponsable) invitación a las personas que no tienen el virus en su sistema, a adquirirlo.

Pero lo digo y lo reitero: vivir con VIH es lo mejor que me ha pasado. Lo que no fue nada afortunado, fue la manera en la que me enteré de ello: en una cama de hospital. Estuve a punto de morir por una neumonía fulminante (una de las enfermedades oportunistas más comunes cuando el sistema inmune de las personas seropositivas se encuentra extremadamente débil). En aquel entonces, hace casi 5 años, la perspectiva era bastante oscura: mis pulmones estaban completamente invadidos y solo un tratamiento muy agresivo podría sacarme a flote.

Me intubaron, estuve en coma inducido. Me salieron llagas en el cuerpo y en la cabeza por no poderme mover de esa cama por más de un mes. “¿Pero cómo a pesar de ello insistes en decir que vivir con VIH es lo mejor que te ha pasado?”, seguro sigues pensando. Calma, ya llegaremos ahí. Se dice que una persona ha desarrollado SIDA cuando tiene menos de 200 células CD4 en la sangre. Según mis análisis clínicos en aquel entonces, yo tenía 18. No solo ya había desarrollado SIDA, me encontraba en la fase más crítica del mismo.

Vi a la cara a la muerte, pero la derroté. Con la ayuda de un grupo de médicos increíbles, una familia incondicional y amigos que siempre estuvieron ahí, mes y medio después me dieron de alta del hospital. Sí, pesaba 16 kilos menos que cuando entré; sí, salí en silla de ruedas; sí, tuve que rentar un generador de oxigeno para estar en casa mientras continuaba mi convalecencia. Pero sobreviví.

Comencé mi medicación con antirretrovirales y en poco menos de un año, alcancé el estatus de indetectable. ¿Qué es eso? Que la cantidad de virus en mi organismo era ya tan baja que no representaba una amenaza para mi salud. No sabía que las personas indetectables ya no transmitimos el virus (pero ese será tema de otro texto), lo descubrí sobre la marcha. Y me aventuré a tener mis primeras relaciones: las fugaces (solo sexo) y las “más formales”, las que tenían como objetivo convertirse en un noviazgo.

Para ninguno de los chicos con los que salí fue tema. Las relaciones terminaron por otros asuntos, pero el VIH no fue la causa. Después conocí al indicado, con quien acabo de casarme hace apenas un mes. Él es negativo, yo positivo. Para él tampoco es problema. Es mucho más problemático en nuestra relación que yo sea un desastre olvidadizo o que sea impuntual (en vías de recuperación) que el hecho de vivir con este virus.

Ahora sí, ¿por qué digo que es lo mejor que me pudo haber pasado? Porque gracias a esto (al menos así lo considero) me he vuelto una mejor persona. Cada vez me importa menos la apariencia o acumular cosas, que lo que realmente importa: las relaciones que uno tiene con las personas. Sí, los medicamentos hicieron maravillas en mí, pero estoy completamente seguro de que el apoyo de mi familia y de mis amigos fueron decisivos.

También he dejado de ser tan férreo e inflexible y he dejado de juzgar tan duro a las personas. Gracias al virus entendí que esto “no es un castigo por putear”, ni tampoco creo que ejercer libremente la sexualidad esté mal. Monógamo como soy, defiendo con fuerza el derecho de las personas a vivir sus relaciones como mejor les plazca mientras lo hagan con honestidad y lealtad.

También he tenido la oportunidad de ayudar a otros con su proceso. Desde que públicamente asumí mi estatus, muchos amigos y hasta desconocidos me han abierto su corazón, me han confesado que también viven con el virus, me consultan sus dudas y me externan sus miedos. He tenido la oportunidad de hablar fuerte y claro sobre el VIH y el SIDA en foros públicos y en mi trinchera como periodista, y he motivado a otras personas a hacerse la prueba.

¿Esto habría sido posible de no haber sido una persona que vive con VIH? No lo sé, y nunca lo sabré. Pero ya tampoco me enfoco en el “hubiera”, sino en las posibilidades que tengo en mi presente y futuro. ¿Esto significa entonces que entonces cualquiera debería infectarse del virus para ser mejor? La respuesta es un rotundo NO.

Si bien nadie experimenta en cabeza ajena, si yo alzo la voz es para que otros no pasen por lo que pasé yo, por haber visto cara a cara a la muerte y sentir en carne propia el pavor de si viviría un día más o no. Aún hoy, que solo tengo que tomar una pastilla cada noche y hacerme chequeos periódicos cada medio año, ¡qué mejor sería que no tener que tomar esa píldora nunca! Qué mejor que no tener que pensar en si me alcanzan las pastillas cada que voy a salir de viaje. Qué padre sería poder mudarme de país sin ponerme a pensar si ahí los antirretrovirales son gratuitos y universales, como aquí en México.

Si bien a mí esto me ha transformado para bien, esta no tiene que ser tu historia. Tú que aún vives sin VIH: valóralo, chécate periódicamente, cuídate. Y tú que ya vives con él: recuerda que no es el final del camino. Toma tu tratamiento, apégate a él y vive feliz muchos años. Y si tienes alguna duda o consulta, no dudes en escribirme. Recuerda que si bien no soy un especialista, sí soy una persona empática y en quien puedes confiar. También puedo canalizarte con especialistas. No estás solo. Dile no a vivir con miedo, dile sí a vivir con responsabilidad y con información.

Twitter e Instagram: @PaveloRockstar

Mail: [email protected]