Rico ignora suspensión por violencia y anuncia locación secreta
La madrugada del 17 de julio autoridades y elementos de seguridad de la Ciudad de México efectuaron la suspensión de Rico Club, uno de los “antros” más populares entre nuestra comunidad LGBT+-.
Al lugar acudió la alcaldesa de la demarcación Cuauhtémoc, Sandra Cuevas, quien aprovechó para publicar la clausura en sus redes sociales. “Todos los establecimientos deben garantizar tu seguridad dentro de sus instalaciones”, escribió en su cuenta de Twitter, donde publicó un video donde se muestra al local de Zona Rosa siendo clausurado.
Pues la suspensión ha sido ignorada, y a menos de una semana, ahora Rico regresa pero de forma clandestina y con mucho menos garantías de seguridad.
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Espacios LGBT+ seguros: una demanda ignorada
El cierre de Rico Club se suscitó debido a una agresión documentada por el twitero G Arnauda, quien refirió que al salir de Blow —otro bar que se encuentra en las inmediaciones— sus amigos se quedaron sin gasolina. En el camino a conseguir gasolina el amigo pasó por un connato de asalto.
Después, el asaltante y agresor se refugió en las instalaciones de Rico Club. Como si esto no fuera suficiente, personal del lugar —según cuentan los involucrados—, además de cobijar a los agresores, salió y los agredió con insultos homofóbicos.
A la violencia se habría unido también incluso vendedores ambulantes, haciendo pensar en una red de crimen organizado que opera de manera articulada.
Los hechos de violencia ocurrieron entre el 11 y 12 de julio. Tuvieron que pasar 5 días para que una orden de suspensión se hiciera efectiva, luego de que la historia contada por G Arnauda —y sustentada por videos donde se puede ver a los afectados visiblemente golpeados y sangrantes— se hiciera viral principalmente en Twitter.
Pero esta no fue la primera vez que ocurrían hechos similares. Ya anteriormente, otros usuarios habían denunciado que el personal de seguridad era déspota y violento. Incluso se vinculó a Rico con actos de racismo y discriminación, además de denunciar que el lugar no contaba con mínimos estándares de seguridad, como salidas de emergencia. También se hablaba de venta de estupefacientes en sus baños solapada por este lugar.
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Sin embargo, estas denuncias fueron ignoradas no solo por las autoridades, sino por los usuarios mismos que seguían haciendo filas enormes fuera del establecimiento. Por parte de Rico Club nunca hubo respuestas oficiales o reparación de daño, hasta los hechos ocurridos en julio de este año que merecieron un escueto comunicado el que escribieron, entre otras cosas, “reiteramos nuestro compromiso con la seguridad”.
Llaman a fiesta clandestina en locación secreta
Y como a veces la realidad supera a la ficción, A MENOS DE UNA SEMANA de este supuesto compromiso con la seguridad de sus usuarios, ahora lxs trabajadorxs de Rico Club —sobre todo su plantilla de dragas y DJs— han anunciado por medio de sus historias de Instagram, un flyer anunciando una fiesta clandestina de “locación secreta”.
Si bien el flyer no ostenta un logotipo del lugar, son las mismas personas que trabajan en el lugar quienes han compartido esta publicidad digital. Y este llamado coincide con la suspensión oficial del lugar.

Las llamadas fiestas de “locación secreta” se hicieron populares durante la pandemia para burlar las disposiciones de las autoridades que buscaban mitigar las olas de contagio por la COVID-19.
En aquel entonces, Rico Club no fue la excepción, y como tantos otros, se sumó a esta práctica, dejando en claro que para ellos la fiesta no paraba, aun cuando eso significara poner en riesgo la salud de sus usuarios.
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Reflexiones pertinentes
La pregunta pertinente y que a todxs nos atañe, es: ¿de verdad Rico Club está comprometido con ofrecer espacios seguros a sus usuarixs? Si en un lugar “establecido” —como lo era su local en Zona Rosa— ocurrían continuamente atropellos, ¿hay alguna manera de garantizar espacios seguros en fiestas clandestinas “de locación secreta” sin ningún tipo de regulación?
Esto no es un llamado a lapidar a quienes ahí laboran. Mucho menos se aplaude una clausura de un solo antro, medida que está muy lejos de acabar con el gravísimo y complejo tema del crimen organizado.
Es un llamado a reflexionar acerca de a quiénes como comunidad estamos financiando, y si estas personas están preocupadas por nosotras o solo nos ven como sus fuentes de ingresos. También es un exhorto a tener consumos más políticos y congruentes. Sin demanda, no hay oferta.
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La exigencia de los espacios seguros que merecemos es responsabilidad de todxs.
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