No eres una experiencia ni un momento de vida. Eres un ser humano completo y mereces que te traten como tal.
Por Alejandro Solís.
Voy a empezar por lo que me llevó hasta esta reflexión.
Estoy muy peleado con ese discurso de “nada es para siempre”, por principio porque ¿Por qué chingados algo no puede ser para siempre? Y ¿Quién dice que no lo será?
Estoy peleado con ese discurso porque, así como nadie puede asegurarte que algo durará por siempre, tampoco pueden asegurarte que no lo hará.
Cuando la gente usa ese discurso se les olvida que “ojalá NUNCA termine” es una frase tan determinante y definitiva como “NADA es para SIEMPRE” y por lo tanto ninguna es válida.
Pero además de que la lógica está de mi lado en esto, el discursito me enoja porque es muy mañoso. Esto me lo hizo ver mi amiga Alin el otro día en otra de esas conversaciones de “pinches hombre” que las niñas bien como nosotras tenemos a veces cuando los pinches hombres se compartan como eso… como pinches hombres.
Nada es para siempre.
Es un eufemismo para “no estoy seguro de lo que siento por ti” o para “cuando me aburra me voy con otra”.
¿Te parece que estoy en un error?
Pongámoslo así y vayamos al grano.
No eres una experiencia ni un momento de vida. Eres un ser humano completo y mereces que te traten como tal.
No somos algo que sucede en la vida de los demás ni tampoco, en ninguna circunstancia, somos algo pasajero, porque somos seres humanos complejos y completos, con todo lo que eso implica.
No quiero decir que cada ser humano que llegue a tu vida se quedará en ella para siempre, pero s alguien llega con el discursito barato por bandera de “Nada es por siempre, todo acaba” ¿cómo va a disfrutar el tiempo a tu lado? ¿Cómo va a dejarse sorprender? ¿Cómo dejará que fluya lo que tenga que fluir contigo?
No digo que esté mal llegar a la vida de alguien y ser claro.
“Sólo quiero una noche contigo”.
“Sólo estoy buscando pasar el rato”.
O incluso, “no estoy seguro de lo que quiero”.
Pero no disfracemos todo esto bajo poesía barata y un mantra que se inventó alguien que no quería o no podía o no sabía ser claro con sus sentimientos.
No le permitas a nadie que te trate como menos de lo que eres: un ser humano valioso y que merece ser tratado con respeto… y eso implica que tus sentimientos sean respetados también.
Darse cuenta de lo que uno siente y ser honesto es, por decir lo menos, complicado.
Pero si usted no sé cree capaz de poder hacerlo, hágale un favor al mundo y absténgase de ir por ahí vendiendo discursos adornados para dejar corazones rotos sin ninguna culpa.