Síguenos en

Sexo

La ingenuidad y las apps de ligue gay

Publicado

el

 

Son buenos tiempos estos para la calentura. La verga que está por explotar o la boca húmeda y caliente están a sólo 167 metros de distancia y una conversación mecánica plagada de lugares comunes. Gracias a Dios y a la publicidad voraz, las aplicaciones de contactos sexuales se cuentan por docenas en el mercado y por pares o tercias en cada dispositivo.

 

Después del contacto inicial con el producto deseado se examinan las fotografías, se calculan las distancias y se proyectan posibilidades. Entonces uno decide, cual César que vacila sobre si ha de engrosar las filas de la muerte o mantener las de la vida, si es momento de abrir la puerta a la lujuria o si mejor se prueba suerte en el recuadro siguiente, del que se desbordan unos abdominales incontenibles.

 

Si las deidades andan fértiles y hormonales, entonces esperarás 10 o 15 minutos, caliente, muy caliente. Entonces alguien tocará a la puerta y al poco de entrar ya estarás cogiendo muchísimo, por horas enteras; o tal vez sólo lo hagas durante el poco tiempo libre que tiene un oficinista ansioso de otras carnes que las contenidas en su tupper.

 

La ingenuidad está en que uno nunca sospecha que a media cogida se cruzarán unas sonrisas cómplices y un brillo extraño se puede escapar del ojo; o que en esa conversación post coito se puede colar una coincidencia en gustos y deseos, de esas de verdad inconcebibles. La candidez reside en que uno nunca vislumbra que esas nalgas tan apetecibles pueden llevarte a pasar junto a ellas las tristezas más oscuras o las bellezas más sublimes. Es que uno nunca supone que querer meterla te puede llevar hasta a crear poesía. Peor aún, a veces uno no adivina que quien entró en tu alcoba, en tus entrañas y en tus planes a futuro, no volverá jamás.

Clic para comentar

You must be logged in to post a comment Login

Deja un comentario