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«Yo tampoco quería asistir a la marcha de orgullo LGBT»

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Estando en los meses que se llevan a cabo las marchas del orgullo LGBT en México y el mundo, solo puedo recordar lo incómoda que me sentí asistiendo a la marcha del año pasado.

Supongo que no era la única que sentía un poco de miedo al estar tan reciente el tiroteo en un bar gay de Orlando. Tratando de contrarrestar ese miedo, muchos queríamos salir a demostrar que estábamos unidos y que el dolor de esas 50 muertes nos pertenecía a todos.

El día estaba nublado y al mismo tiempo se sentía mucho calor, no me sentía cómoda con la ropa que usaba ese día, sin contar que mi cabello era un desastre. Justo donde comenzaba la marcha estaban tres personas que trabajaban en el mismo lugar que yo; los tres tenían celular en mano y se dedicaban a tomar fotos y videos mientras se reían. Desconozco la razón por la cual reían tanto, pero mi instinto al verlos fue esconderme.

De principio a fin me mantuve lejos de cualquier cámara que pudiera dejar evidencia de que estuve presente. Así fue para mí la marcha.

Realmente nadie me obligó a ir, yo lo tomé como parte del compromiso al pertenecer a una asociación que defiende los derechos de la comunidad LGBT.

Si bien es cierto, existen muchas formas de apoyarnos y defender nuestros derechos en lugar de ir a caminar con una bandera arcoíris en la mano, sin embargo, este año más que como un “compromiso” lo he tomado como una “obligación” conmigo misma.

Asistir a una marcha nos hace recordar cuántos somos. La diversidad en la que estamos inmersos nos hace sentir ese acompañamiento que muchas veces nos hace falta.

Nunca olvidaré esa parte que pude rescatar de mi “mala experiencia” del año pasado, ese escalofrío que sentí al ver a tantas personas cantando, sonriendo y saludando; simplemente se notaba lo orgullosos que estaban todos y todas de ser quienes son.

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Este año podría quedarme con esa experiencia y terminar alguna serie mientras veo algunas fotos de la marcha en instagram, pero no me parece justo quedarme sentada frente a un monitor cuando me sorprenden tantas noticias respecto a la violencia que sufre la comunidad LGBT; Chechenia, por ejemplo, donde se organiza una purga para matar homosexuales.

Me parece que es momento de dejar cualquier tabú a un lado, de aceptar lo diversos que somos y hacer ruido. Podríamos esperar a que alguien venga a darnos ese pequeño empujón que necesitamos (probablemente pasará), pero no estamos en condición de perder más tiempo y supongo que sería más satisfactorio extenderle la mano a quien se encuentre a mi lado y de esta forma, dar todos juntos ese paso.

Sal a marchar, eso es lo importante.

Disfruto de la soledad pero prefiero estar acompañada. Soy rebelde gracias a la vida y obstinada por herencia. La “inexpresividad” podría ser mi segundo nombre, lo que contrasta con mi ser tan sentimental, apasionado y entregado en ciertos ámbitos.

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