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Vivimos en una época donde todos deberíamos ser feministas

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Sin deber y sin temer tan solo por ser mujer valiente y poco frágil
un incógnito virtual por quererme provocar me dijo Feminazi.
(…)
Pero le dije: Que poca
Ay, pero que poca,
Que poca madurez mental debes tener
Que poca, ay, pero que poca, poca, poca
Que poca sensibilidad hay que tener
para tomar algo tan cruel
tan históricamente hiriente
y pretender usarlo para imponerse

-La cumbia feminazi-Renee Goust-

Es increíble pensar que durante los 60’s el primer hombre pisó la luna, y durante la misma década por primera vez una mujer paraguaya pisó una casilla electoral. ¡Qué belleza los sesentas! Mientras los hombres estaban viajando en el espacio, a todas las mujeres en Latinoamérica les era concedido el derecho al voto… apenas.

Me avergüenza vivir en una época tan adelantada en la ciencia y tan atrasada en derechos sociales, me entristece saber que después de casi 6 décadas, la brecha no ha cambiado y peor aún; que en algunos casos ha retrocedido. Me es inentendible por qué cuesta tanto trabajo empatizar con movimientos feministas, y la principal causa seguramente es la falta de educación… ignorancia pues.

Siendo hombre nací favorecido. Históricamente ser primogénito ha sido causa de alegría; por el contrario, si hubiese sido mujer hubiera sido una decepción. Mexicano y condenado a una cultura socialmente machista no dista mucha la diferencia de un trato “preferencial” como lo hubiera sido en épocas monárquicas. No hace falta mucho para darse cuenta lo privilegiado que es ser hombre en estos tiempos:

Vivimos en una época donde la RAE acepta la palabra feminazi, pero no abre la puerta a un lenguaje inclusivo. Además del idioma,  la ley no favorece tampoco a las mujeres; tendrías que nacer en Cuba, Uruguay, Guyana, Guyana Francesa, Puerto Rico o la Ciudad de México para abortar voluntariamente durante las primeras semanas de gestación y si naciste en El Salvador, Honduras, Nicaragua y Haití no podrías realizar un aborto, bajo ninguna excepción.

En cuestión laboral la situación no mejora, según el Banco Mundial en su reporte anual que mide la equidad de género (World Business and the Law) en América Latina durante el 2018 el 30% de los países no tiene legislación contra el acoso laboral (principalmente en el Caribe), y las principales afectadas son las mujeres ya que en todas las encuestas el mayor porcentaje de acoso se presenta contra mujeres. En el 74% de los países de Latinoamérica no cuenta con leyes que regulen la equidad salarial; entre ellos México, Brasil y Colombia; y es por ello por lo que la diferencia salarial entre hombre y mujeres ronda entre el 16 y el 20% desfavoreciendo a las mujeres (según la OIT).

Y si aún después de las barreras laborales, una mujer llegara a ser directora de una empresa, su probabilidad se reduce abismalmente. Actualmente solo el 5% del TOP 500 de las empresas en el mundo, tienen una CEO mujer.

Vivimos en una época donde el presidente de Brasil normaliza la violencia de género al decir que tuvo una hija por que se sentía “débil” el día de su procreación o diciéndole a una senadora que “no merecería ser violada porque es muy mala y muy fea”.

En una época en la que siete mujeres son asesinadas cada día en México y dos de cada tres mujeres mexicanas han experimentado algún tipo de violencia según la ONU y por otro lado el estado de Nuevo León en México sigue criminalizando a las mujeres con una modificación a la ley del estado que obstaculizará el derecho al aborto contraviniendo lo establecido en la Corte Interamericana de Derechos Humanos al otorgarle estatus de persona a un embrión.

Vivimos en una época donde ser un detractor del movimiento feminista va en contra de nuestra misma sociedad. En la cual, las cifras, datos duros, historias y personas sobran para llenar los vacíos de ignorancia y sumar a las filas de la conciencia. Vivimos en una época en la cual nos toca a nosotrxs equilibrar la balanza. Conocer y exigir a quienes nos gobiernan, criticar a quienes hacen comentarios misóginos y apoyar a quienes votan a favor de reformas progresistas.

En fin, vivimos en una época, donde todos deberíamos ser feministas.

Internacionalista y soñador con los pies en el asfalto. Amante del pop, los juguetes y todo lo que me devuelva la niñez. Fiel creyente en el amor y en Britney Spears.