Más allá de los closets; una conversación en mi interior
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Opinión

Más allá de los closets; una conversación en mi interior

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Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que me atreví a escribir… No me mal entiendan, no tiene nada que ver con aquellos que me leen, sino mas bien con los que no lo hacen. A todos nos ha llegado un momento de inconformidad y de inseguridad, luego de atravesar la fase de salida de un clóset. Y no me refiero únicamente a los clósets LGBTI, sino a todas las revelaciones ante nosotros mismos y ante el mundo, de hacer o ser algo que no se encuentra dentro de la normatividad.

Tal vez este artículo no resulte muy bien estructurado… Es decir, esta vez no me tomé un poco de tiempo para hacer un esquema de lo que iba a decir; preferí plantearme una conversación conmigo misma, con el objetivo de preguntarme ¿Cómo me encuentro? ¿Cómo me siento? ¿Qué deseo? Y ¿Qué ha sucedido conmigo? A veces se nos olvida preguntarnos nuestra propia opinión, a veces nos descuidamos y solo escuchamos los ruidos de afuera, a tal punto que nos volvemos sordos del interior, sin plantear estas sencillas conversaciones con uno mismo.

Ahora volvamos un poco al inicio del texto. ¿Quiénes son aquellos que no me leen? Y ¿Por qué incidirían en mi vida? Las respuestas pueden ser extensas, pero para mí se reducen a dos: No me leen aquellos que prefieren obviarme en una vida cotidiana. Ya saben… aquellos que cruzan al otro lado de la calle cuando me ven pasar, aquellos que deciden que esto de amar sin etiquetas es una verdadera aberración, aquellos que prefieren ignorar mi existencia, o peor aún, calificarla de “anormal”. Y dejemos la otra pregunta para párrafos siguientes (ya saben, para tener una conclusión fuerte y concisa al finalizar un artículo, no olvidemos que la idea es escribir como una profesional de la pluma).

Vamos a llamar a esas personas “aquellos”, pues ya he insistido en llamarlos de esa manera, para intentar no etiquetarlos con un adjetivo poco apropiado o insultante, digamos que no me agrada hacer a los demás lo que no me agrada que hagan conmigo (un poco de reciprocidad no nos haría mal de vez en cuando). Estos “aquellos” han sabido penetrar mi vida de modos muy extraños. Los encuentro por todas partes y en cada aspecto de mi vida: a diario en la calle, en las iglesias, en la familia, en el trabajo, en la universidad. Se han vuelto casi como una plaga; a veces pienso que logro eliminarlos, pero para mi sorpresa siguen reproduciéndose casi a la velocidad de la luz y multiplicándose, como si se organizaran entre ellos para tener más fuerza.

Y bueno, todos tenemos el momento en el que decidimos que nadie externo importará, pero sabemos que es como si intentáramos mentirnos con argumentos poco convincentes. Quiero decir ¿Cómo podemos vivir ignorando nuestro entorno? Antropológicamente, los seres humanos somos seres sociales, y no podemos vivir en aislamiento. Y ¿qué pasa si aquellos son nuestra familia? Se vuelve aún más complicado intentar omitir a las personas que vemos a diario, por no decir “imposible”.

En fin, esta es una pseudo explicación de por qué no he escrito. Aún no sé si mis razones pueden comprenderse en los párrafos anteriores, o si sólo me dediqué a disparar ideas por todas partes. Pero lo que quiero aclarar es que “aquellos” se volvieron un arma letal en mi vida, me sentí vencida, me sentí acabada, y acorralada. Creo que el último término es el más acertado. Como si yo fuera una hormiga entre 4 piedras cerrándose en todos los sentidos. Perdí todo el sentido de lo que quería para mí, me sentí sola y me sentí aislada.

¿Y la segunda pregunta? Creo que ya respondí gran parte de por qué “aquellos” incidirían en mi vida. Realmente se nota que este artículo no tiene ni pies ni cabeza, lo sé, por favor no juzguen mi escritura. Quería intentar explicar cómo me sentía, y la mejor manera que hallé fue escribir cada pensamiento que saliera de mí, para tratar de transmitir el embrollo que mi cabeza tiene dentro de sí. Solo intento mostrarles que todos, absolutamente todos, incluso los que estamos detrás de esta página, somos susceptibles a tener quiebres en nuestro proceso de aceptación, y eso está bien; eso nos hace humanos y nos hace más fuertes. No se trata de cuántas crisis evitamos, sino de cuántas logramos superar. Y aquí mis queridos amigos, tenemos vencedores, en una sociedad cuadrada y debo decirlo, una sociedad cruel, sí que tenemos vencedores, y somos nosotros, siendo quiénes de verdad somos sin miedo a “aquellos”.

Desde Ecuador creyendo en el amor, en todos sus colores, en todas sus formas. Activista de pluma, por los derechos de todos y todas. Poeta luchadora de recuerdos cortos y sueños largos.

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