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«Los Chicos de la Banda» la nueva puesta en escena que no te debes perder

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Tal pareciera que una de las funciones vitales del gay común es la de ser el alivio cómico de todo tipo de ocasiones. La verdad es que muchos sí somos bien chistosos, bien chispa, bien ayquiensabecómo. Otro de nuestros súper poderes secretos gay es el de escandalizar. O al menos es así cómo muchas personas nos ven. Y esta última súper habilidad gay no está muy alejada de la realidad, porque sí escandalizamos a muchos a dónde quiera que vamos. Véanse las últimas 41 marchas de la comunidad LGBTTTIQ+ de la CDMX, o trátale de explicar a tus tíos homofóbicos que significan las siglas LGBTTTIQ+ en la próxima reunión familiar y siéntate a ver el mundo arder.

 

¿A dónde voy con todo esto? A que parece que ser chistoso y ser provocador son dos cosas que están muy pegadas a nuestro ADN (a nuestro ADN gay). Y ha sido así desde el principio de los tiempos. Y no es nuestra culpa el ser provocadores o que se liguen a nuestra historia conceptos como escándalo, rebelión y alboroto. Es sólo una consecuencia de la historia rechazando la libertad de nuestras identidades.

Piénsenlo así. Nosotros estamos ahí en el mundo siendo gays sin molestar a nadie y eso basta (ser, ¡existir!, ¡ESTAR AHÍ!) para generar un sinfín de reacciones. La gente reacciona a eso que para ellos “no es normal” y a veces no reacciona bien. Eso es, a grandes rasgos, de lo que trata Los Chicos de la Banda.

Imagínense que es 1968, 50 años atrás en la historia del mundo y se estrena una obra en la que un grupo de actores retratan la vida de 8 homosexuales de California. La vida del gay común, esa que no es ajena ni a ti ni a mí, pero que es suficiente como para escandalizar a la comunidad straight del siglo pasado.

 

Y no estamos hablando de sexo, drogas, orgías y concupiscencia (otra serie de estereotipos con los que se nos asocia). Estamos hablando simplemente de un gay de mediana edad que se reúne con sus amigos gays de mediana edad a celebrar su cumpleaños gay de mediana edad.

En medio de esto Michael, el anfitrión, recibe la llamada de Alan, un viejo amigo no-gay de la universidad, que le avisa que va a pasar a verlo. Esto hace que todos los amigos de Michael tengan que sacar su máscara social de heterosexuales aceptables al menos mientras Alan está en la casa… y cualquiera que tenga un grupo de amigos gays sabe que esto no funciona así y que las cosas probablemente terminen mal.

Ese es el plot de Los Chicos de la Banda, una obra de Mart Crowley, originalmente estrenada en el off-Broadway en la década de los 60’s. 50 años es mucho tiempo, tal vez ahora la obra ya no escandaliza como en aquel entonces pero en tanto siga siendo un retrato de la vida moderna de los homosexuales seguirá dando de qué hablar y esa es tal vez la razón de ser de esta obra aquí y ahora, que no busca el escándalo pero lo provoca.

Es lo que ya dijimos que es, el retrato de la vida de un hombre homosexual y su grupo de amigos, que muestra a personas y no a estereotipos, personajes con características específicas, virtudes, defectos, confusiones, dicotomías, conflictos y debates introspectivos. Personajes que son representaciones de personas y no fases o exageraciones o estereotipos, personajes que son históricos y multidimensionales pero con problemas muy específicos propios de nuestra comunidad.

Expone y abre conversaciones sobre lo que lleva años siendo parte de nuestra cultura: la homofobia interiorizada, la soledad de las personas LGBT en la vida adulta, los compromisos, las relaciones abiertas, los amaneramientos y el clóset, los muchos clósets de los que vamos saliendo día con día. Y otros que no son ajenos a ninguna orientación, como el amor no correspondido, la soledad, el paso del tiempo y los viejos rencores.

Es una obra muuuuuy gay y por lo tanto muuuy humana (porque somos humanos, humanos gays) lo que provoca que conectes fácil con la historia y los personajes.

Algo que también la hace accesible es la escenografía de Sergio Villegas y el vestuario de Lucio Boliver que pintan un cuadro naturalista con colores muy amigables con el espectador que con cualquier otra escenografía o gama cromática y tantas cosas pasando al mismo tiempo perdería atención y se cansaría después de un rato.

Las actuaciones son maravillosas por ese tratamiento que se les da a los personajes. Los actores no reniegan de los estereotipos, los dignifican y justifican y construyen con base en características de cada uno de los personajes que juegan, con todas sus dimensiones. La obra sufre un tanto en su humor con chistes que no todos aterrizan a causa de modismos y bromas algo caducadas pero se compensa todo con el carisma de Juan Carlos Martín del Campo y Carlo Guerra en cuya simpatía recae la verdadera comedia de la obra.

Son personajes coloridos, sí, amanerados, sí, pomposos, sí. Pero nada alejado de la realidad, porque sí somos pomposos, amanerados y coloridos, y la obra le da  nos da un lugar a “ese tipo de gay” que no es machito y que no cumple con que no se le note.

Luis Lesher y Juan Ríos destacan por su actuación específicamente en momentos de tensión. La escena de la pelea y la reconciliación son de los mejores momentos de la obra.

Los Chicos de la Banda, con sus excelentes valores de producción, un gran grupo de actores liderados por Horacio Villalobos y Antón Araiza (alternando funciones), la sólida dirección de Pilar Boliver y un texto que no caduca a pesar del tiempo es algo que –perdón por la frase trillada que voy a soltar a continuación –no te puedes perder, porque da fe de esa homofobia de la que no nos hemos podido desprender (casi adherida a nuestro ADN social), de los prejuicios, los disturbios, los estereotipos, los compromisos sociales y las historias que se siguen contando de la comunidad gay, de la homofobia que nos persigue aun cuando dimos ese difícil paso fuera del clóset; del desamor y de la soledad, de un mundo que en 50 años ha cambiado y de cómo no todos han podido cambiar con él.

Los chicos de la banda tienen funciones de viernes a domingo en el Teatro Xola de aquí al 29 de Marzo. Y aunque deseamos y esperamos que no sea la última oportunidad que tengan para verla no se arriesguen y vayan a verla.

https://m.ticketmaster.com.mx/los-chicos-de-la-banda-teatro-xola-julio-prieto-mexico-df/venueartist/164039/2678661

Lleva a tu date y para enamorarlo con tu intelecto dile algo como “¿sabías que el hermano de Mario Bezares actuó en el primer montaje de esta obra en México traído por Nancy Cárdenas?”. O mejor no, no me hagas caso, no sé ligar. Sólo ve a verla y ya.

 

Actor, dramaturgo y en mi tiempo libre salvo a New York del Doc Ock. Soy tan chido que mi patronus es un Charizard, because I’m what? Sickening.