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Hoy recibí un mensaje tuyo

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Hoy recibí un mensaje tuyo donde me deseas felices fiestas, lo vi durante algunos segundos y me quedé en blanco, no sabía qué contestar, no sabía si debía contestar.

Nuestra primera cita fue el 10 de agosto, también fue la última.

Un segundo mensaje tuyo ha llegado y aún no sé cómo contestar el primero.

Dijimos que veríamos una película, pero terminamos comiendo hamburguesas baratas en una banca vieja.

Me preguntas si estoy molesto, o si te aplicaré el visto, es curioso cómo me acabo de preguntar lo mismo.

Ese diez de agosto cumplíamos tres meses de estar hablando mediante mensajes y llamadas, tres meses de preocuparnos el uno por el otro, tres meses de pensar que teníamos algo, tres meses de no ser nada.

Decido contestar a tus mensajes deseándote felices fiestas también, creo que es lo correcto.

Después de terminar las hamburguesas y platicar por un tiempo en esa banca vieja, decidimos ir a mi auto con el pretexto del frío, platicamos por un par de horas más, como si nos conociéramos de tiempo atrás, como si nos conociéramos de verdad.

Un tercer mensaje tuyo en menos de cuatro horas, eso es impresionante. Me invitas una cerveza y de nuevo no sé qué decir.

Eran las once treinta y cuatro, y nosotros éramos los únicos en el estacionamiento, dijiste que debías irte que ya era tarde, sonreí un poco y me ofrecí a llevarte a tu casa, después de insistir un poco accediste. Tus labios pegados a los míos, mi mano en un tu nuca, una parte de mi moría de felicidad y otra solo percibía el sabor a catsup en tus labios.

Agradezco tu invitación pero la rechazo, estás escribiendo, estabas.

Llegamos a tu casa y te robo nuestro segundo beso, nuestro último beso.

Leíste mi mensaje hace más de 3 horas, supongo que eso ha sido todo.

Hoy, 13 de agosto, teníamos una cita mañana por la tarde, pero un mensaje tuyo ha cancelado los planes.

Me despierta la vibración del celular, son las 3 de la mañana y estás llamando, lo apago y trato de dormir sin lograrlo.

Tenemos una cita mañana diez de octubre y como es costumbre un mensaje tuyo acaba de llegar para cancelar. Siento que le dedique cuatro meses a una relación que nunca existió y no existirá. No contesto tu mensaje ni los mensajes de los días siguientes.

Son las cuatro de la mañana y tengo 10 mensajes tuyos, me pides otra oportunidad, que te perdone, pero no hay nada que perdonar, nunca fuimos nada, nunca paso nada.

Después de unos días decido llamarte para decirte que no lo intentemos más, que ambos merecemos a alguien a quien podamos ver más de una vez en cuatro meses. Te oigo llorar, y eso dispara mi enojo, cuelgo.

Son las 10 de la mañana y es la tercera vez que llamas, decido contestar. Me pides disculpas por despertarme en la madrugada y dices que quieres intentarlo de la forma correcta conmigo. Guardo silencio un momento  y te digo que extrañamente tengo un sentimiento de cariño hacia ti, pero ya hay alguien intentándolo de la forma correcta conmigo y yo con él.

Tu último mensaje llegó el 20 de octubre. Agradecí tus palabras.

Felices fiestas decía tu mensaje de ayer por la mañana. Hoy recibí un mensaje tuyo, pero esta vez no lo leí.

Ing. Industrial, me gusta leer y nadar.