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Opinión

#RelatoLésbico: Gina y Macarena

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Al llegar a la habitación, Gina constató que fuera el número correcto y abrió la puerta. En el ambiente todavía se percibía un fresco aroma a perfumador de lavanda.

 

Las bocinas de los autos llegaban a sus oídos atenuadas por el cristal de la ventana. Caminó tres pasos hacia ella y echó una mirada sobre la calle que se atisbaba minúscula debajo de ellas. Permaneció inmóvil pensando si todavía sería capaz de tocar a Macarena, el dolor de la mentira dentro de sí podía más que su deseo contenido, pero quién era ella para reclamarle algo, si la que estaba encerrada en un mundo de mierda era Macarena. A estas alturas, su sufrimiento debía acumularse en lo más recóndito de sí. Cerró los ojos y recordó algunas de las frases de Macarena suplicando al otro lado del auricular una de esas tantas noches: «Mi amor no aguanto estar encerrada ni un minuto más. Me siento sola, ven por mí y te prometo que nunca más volveré a drogarme»

 

Macarena en el otro lado de la habitación empezó a sacarse la ropa que caía sobre la alfombra, mientras pensaba si a Gina le gustaría el nuevo encaje que llevaba puesto, que también había conseguido tras ciertos trueques sexuales dentro del centro de rehabilitación. Toda la desolación almacenada estaba ya olvidada, colgada en el perchero de las llaves del recepcionista, porque al cruzar la puerta solo era deseo y amor. Necesitaba sentirse querida por alguien. Alguien que la tocara y más que fornicarla, quisiera amarla.

 

Macarena caminó hacia Gina, se le abalanzó sobre la espalda, comenzó a besarla lentamente debajo de la nuca, le sacó la blusa a suaves toques, para luego rozar grácilmente su piel con sus dedos. La cogió del brazo y la jaló hacia ella, empezó a besarla mientras le acariciaba los pechos. Sus jadeos y susurros al oído erizaban la piel de Gina a pesar de permanecer inerte. La empujó sobre la cama, le bajó la cremallera despojándola del jean, con los dientes le arrancó las bragas, que salieron expelidas hacia el otro lado de la habitación. Su lengua empezó un paseo del clítoris al introito, entraba y salía sin descanso, para luego montarse sobre ella, moverse hasta perder el aliento, gemir y al cabo de un minuto temblar tumbada sobre la cama susurrando «te amo» con la voz entrecortada.

 

Gina continuaba exánime al otro lado de la cama, sus celos bloquearon el orgasmo de su mente, y solo mantenía la imagen de Andrés tocando a Macarena. La amaba, pero una parte de sí no le permitía demostrárselo.

 

Macarena intuyó el desánimo y desgano de Gina, y prefirió mantenerse en silencio. De espaldas a Gina, la observaba a través del espejo y esperaba que entendiera que sus acciones habían sido por amor a ella, que de no entregarse a brazos ajenos, la cita en este hotel, y estas horas de privacidad y libertad a su lado jamás hubieran podido concretarse. La necesitaba tanto que era capaz de someterse cuantas veces fuera posible. Y mientras recordaba su sacrificio cerrando fuertemente los ojos y reprimiendo un gemido de dolor se quedó dormida.

 

Gina volteó para entablar una conversación que las llevara al entendimiento, y al darse cuenta que Macarena dormía, le acarició el cabello por detrás y la besó, susurrando «perdóname». Se levantó de la cama, se vistió sin hacer ruido, caminó hacia la puerta y abandonó el hotel sin rumbo fijo.

Escritora y activista LGBT+. Se ha desempeñado como enfermera en la Estrategia Sanitaria Nacional de Prevención y Control de ITS-VIH/SIDA (Perú). Ganadora del II Premio de Nanorrelato del Taller de escritores de Barcelona. Presentó su primer libro de poesía Tergiverso (Ediciones Catavento, 2017) en la Feria Internacional del Libro de Lima 2017. Aparece en la Antología Poetas en la Arena (Biblioteca Abraham Valdelomar, 2017). Actualmente, produce y conduce el programa radial "La chica del clóset".

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