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Si tu también crees que «las marchas del orgullo LGBT son innecesarias», tienes que leer esto

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¿Por qué es importante marchar?

“Las marchas se han convertido en un chiste”, “los gays hacen el ridículo al desfilar” o “las ‘locas’ que van nos hacen quedar mal”.

Éstas son las críticas que surgen en junio, el mes del Orgullo LGBT, cuando miles de ciudades en todo el mundo celebran marchas para la comunidad de la diversidad sexual.

Pero, aunque la decisión de marchar es personal, es necesario desmantelar estos mitos y entender que estas manifestaciones son más cruciales que nunca.

Las marchas del Orgullo tienen como antecedente el 28 de junio de 1969, cuando hubo un operativo policial en el bar gay Stonewall Inn en Nueva York.

Los oficiales agredieron a los grupos más estigmatizados de la comunidad LGBT: travestis, personas de color, afeminados, trans, y homosexuales en pobreza.

Derivado de este acto represivo, se formó el Frente de Liberación Gay, y homosexuales, lesbianas y trans organizaron la primera marcha del Orgullo, una manifestación sin restricción de vestimenta o comportamiento para rebelarse contra la opresión.

En México, durante los años 70 surgieron grupos como el Frente de Liberación Homosexual, el Frente Homosexual de Liberación Revolucionaria (FHLR), el Grupo Lambda de Liberación Homosexual y OIKABETH, el Movimiento Lésbico Feminista en México.

Inspirados por los movimientos que combatían la represión del gobierno de la época, activistas de estos grupos realizaron la primera marcha del orgullo homosexual en México en junio de 1979.

En una época en la que la homosexualidad se consideraba, de forma abrumadora, un acto de inmoralidad criminal, una enfermedad o un trastorno emocional, estas personas valientes desafiaron los prejuicios.

Como la historia muestra, las marchas del Orgullo LGBT siempre han sido una forma de rebelarse contra la represión del Estado, contra los prejuicios de la sociedad y a favor de la liberación de homosexuales, lesbianas, bisexuales y trans.

Aun así, hay quienes señalan que las marchas se “han desvirtuado” y que se han convertido en “fiestas sin sentido” que “dan vergüenza”.

Pero esto es un error.

Las marchas del Orgullo proveen algo que es indispensable para la comunidad LGBT: visibilidad.

A diferencia de otras minorías, las personas LGBT han estado condenadas a vivir ocultas en las sombras, en lo que se conoce como “el clóset”.

Si una persona homosexual, lesbiana, bisexual o trans no asume su identidad en público, la sociedad y el gobierno la ignoran y la orillan a la marginación.

Las marchas del Orgullo son la oportunidad para demostrar que las personas LGBT somos un gran grupo, con poder y con voluntad.

Pero, sobre todo, que existimos y que tenemos el derecho a existir.

Y hoy, tal vez más que nunca, es importante marchar para defender el progreso que hemos alcanzado.

Las elecciones en México están por ocurrir, y lo más probable es que lleguen al poder partidos que se han aprovechado de la homofobia para ganar votos con una agenda de discriminación contra la comunidad LGBT.

Agrupaciones como el Frente Nacional por la “Familia” se están movilizando para que los candidatos adopten sus posturas antiderechos.

En naciones como Estados Unidos, Paraguay y Chile ocupan el poder políticos con una historia de discriminación hacia personas trans y homosexuales.

En otros países del continente, como Costa Rica, Perú y Colombia, han surgido movimientos que combaten el avance del matrimonio igualitario, el feminismo y los derechos de las personas trans.

Hoy, México ocupa el segundo lugar en crímenes de odio contra la comunidad LGBT, sólo detrás de Brasil.

Por eso, manifestarnos es indispensable.

En las manifestaciones de este año, las personas no heterosexuales nos jugamos nuestra vida y nuestros derechos.

Y sí, la marcha es una fiesta porque, históricamente, es un espacio de liberación en el que demostramos que tenemos derecho a ser felices y a vivir nuestra identidad con plenitud.

Quienes nos odian y discriminan, quieren vernos reprimidos, infelices y ocultos.

Por eso, la importancia de marchar como mejor nos sintamos, ya sea de traje y corbata, o con tacones y minifalda.

Hay que recordarles que existimos y que nunca más nos regresarán al clóset.

Yo marcharé en Monterrey este 16 de junio. Te invito a hacer lo mismo en la fecha o ciudad que puedas.

Periodista por el Tec de Monterrey y Maestro en Desarrollo de América Latina por King's College London. Soy regio, feminista y anti-discriminación.

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