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Esta atleta LGBT causa revuelo en país que condena la homosexualidad con una pequeña acción

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Qatar es un lugar con leyes discriminatorias contra la comunidad LGBTQ.

Mucho se ha hablado de por qué la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA), que con respecto al grito homofóbico de la afición mexicana anda muy quisquillosa, aceptó concederle a dicho país la Copa Mundial de Fútbol de 2022, como a Rusia para 2018.

Pero aunque la FIFA esté en el ojo del huracán en esa polémica, no es el único organismo deportivo que ha escogido a Qatar como sede de su campeonato máximo: la World Athletics (WA, antes IAAF) realizó el XVII Campeonato Mundial de Atletismo en la ciudad de Doha, Catar, del 27 de septiembre al 6 de octubre de este año.

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En esta competencia, y pese al país en el que estaba, la atleta Erica Bougard, que compitió en el heptatlón representando a EEUU, llevó la bandera del arcoíris en sus tenis. Sí, en una solapa que cubría sus agujetas, Bougard tenía la bandera arcoíris.

La atleta dijo que poner la bandera arcoíris en sus tenis no tuvo como propósito hacer una declaración. “Pero no me dan miedo las consecuencias. Siento que estoy bien protegida”, añadió, “Si algo pasara, tomaré el primer vuelo para irme”.

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Qatar es un país donde la población LGBTQ está legalmente tan discriminada que se le prohíbe manifestarse a favor de sus derechos. Olvídense de derecho al matrimonio, adopción, protección contra discriminación, nada. Bougard podrá no haber querido hacer una declaración, pero poner el símbolo LGBTQ por excelencia en la única parte de su uniforme deportivo que puede alterar ES una declaración.

Podría parecer algo insignificante, pero si Erica Bougard y su novia se dieran un beso en las calles de Doha, podrían ser arrestadas.

Si se parara en una esquina con una bandera arcoíris y pidiera matrimonio igualitario para las lesbianas -o que las relaciones entre mujeres fueran legales-, la arrestarían.

Las suecas Emma Tregaro y Moa Hjelmer se pintaron las uñas con colores del arcoíris en el mundial de Moscú, en 2013, y la IAAF les notificó que dicha conducta era sancionable, pues rompía el reglamento de conducta de los atletas.

Algo tan simple como el color de las uñas ponía en riesgo un momento importante de una carrera de atletismo.

Así de grave está la situación “anti-propaganda LGBTQ” en Rusia.

 

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Por esto, cualquier acción que atletas puedan hacer para poner el tema de discriminación sobre la mesa es bienvenida.

Pero la visibilidad que puedan traer va a pesar muy poco si los organismos internacionales, como IAAF o FIFA, continúan mirando para otro lado cuando escogen sedes para sus eventos mundiales.

Se hacen estudios anti-dopping a los atletas para asegurarse que se compita en igualdad de condiciones, pero no se preocupan por que estén en igualdad legal.

Al respecto de Tregaro y sus uñas pintadas, una atleta rusa defendía sus leyes anti-LGBTQ diciendo que “cuando vamos a otro país, respetamos sus costumbres”.

Pero, ¿y si esas costumbres incluyen invisibilizarte? Quizá uno como turista decide no visitar esos países y fin de la discusión, pero parte de la carrera de los atletas está en ir a esos campeonatos. Los organismos deportivos deberían responder a ellos primero, pero por lo visto todavía les cuesta comprometerse con la igualdad.

Tolkiendili y Slytherin. Mis ambiciones son volver al Wacken, hacer tortillas a mano, ver Hamilton, y normalizar la compra de libros aunque tenga otros sin abrir.