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Emma: La historia de una mujer trans sobreviviente

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México ocupa el segundo lugar en Latinoamérica donde se cometen más transfeminicidios, los cuales, en su mayoría quedan impunes y a pesar de que poco a poco las personas mujeres trans han ido abriendo un camino para las futuras generaciones, aún queda un largo y difícil camino por recorrer.

Tan solo en lo que va del 2020, han sido asesinadas 13 mujeres trans, de las cuales cuatro sucedieron entre abril y marzo. (Así es, la transfobia no descansa ni en tiempos de pandemia)

Las cifras son alarmantes y los transfeminicidos sólo son la punta del iceberg de una sociedad intolerante, pues existen cientos de mujeres trans que han tenido que vivir en las sombras por miedo a ser víctimas de un crimen de odio.

Hace algunos días tuve la oportunidad de platicar con el youtuber Damián Cervantes, quien realizó el arduo trabajo de investigación al entrevistar a Emma, una mujer trans, sobreviviente del sistema opresor del expresidente José López Portillo.

A continuación nos comparte su nota:

«Emma: La historia de una mujer trans sobreviviente.»

Las mujeres transgénero nacen, no se hacen. Tal es el caso de Emma, quien nació en la década de los años sesenta y aún conserva un álbum fotográfico con los momentos más destacados de su proceso de transición de hombre a mujer.

Desde que tenía tres años, Emma sabía quién era; pero fue hasta los 13, cuando decidió emprender su cambio físico. Esto sucedió cuando fue privada de su escolaridad por depilarse la ceja y tener el cabello largo.

Para la época en la que vivió, ella estaba avanzada; ya que ante los ojos de la gente, era mal visto y no era socialmente aceptado que un hombre se disfrazara o se travistiera, como se le llama coloquialmente en la comunidad lésbico-gay.

“Me llamaban ‘joto’, ‘puto’, ‘maricón’, ‘lilo’. El término ’trans’ no existía. Simplemente éramos las ‘vestidas’”.

Aunque había una gran comunidad de mujeres transgénero en esa época, la mayoría vivía encerradas en un clóset, ocultándose de la ciudadanía y de las autoridades, por el riesgo de ser encarceladas e, inclusive, asesinadas.

Emma fue una sobreviviente de las políticas punitivas de la administración del entonces presidente de México, José López Portillo (1976-1982), quien según expertos en derechos humanos fue uno de los sexenios más oscuros para la comunidad LGBT+, pero principalmente contra las mujeres transgénero.

“Cuando tenía 17 años, elementos de la policía me detuvieron por estar vestida de mujer en la esquina de mi casa. Me golpearon, me cortaron el cabello y, por si fuera poco, me violaron. ¡Sólo tenía 17 años! Era menor de edad, no estaba haciendo nada malo”.

Emma aún conserva diversas instantáneas de su juventud. Son un cúmulo de memorias y victorias, ya que logró imponerse ante su familia y la sociedad; y no sólo eso, pocas mujeres transgénero pudieron guardar algunas de sus memorias en papel, ya que muchas de ellas, las perdieron al abandonar sus hogares e, incluso, muchas las quemaron porque sentían vergüenza de su pasado.

Cuando cumplió 20 años de edad, Emma decidió mudarse a la paradisiaca bahía de Acapulco, en Guerrero.

“Mi padre me dijo: ‘Aquí hay techo y comida pero no hay [dinero] para que te vistas’. En ese momento, decidí buscar lo que realmente era. Tenía que encontrarme con Emma”.

Sin embargo, en aquellos años, las mujeres transgénero únicamente tenían dos caminos: “Dar espectáculos o dedicarme al trabajo sexual”.


Emma inició su vida bajo los reflectores entre tacones altos, vestidos elegantes y mucho maquillaje. Ella fue la encargada de deslumbrar a propios y extraños en un centro nocturno de Acapulco con espectáculos travestis. Durante un par de años, Emma se estableció en el puerto y fue justo ahí donde conoció a uno de sus grandes amores, de nombre Víctor. Se trataba de un hombre moreno, guapo y con
bigote pronunciado. Según lo que relata, su amado era casado; y cuando la familia se enteró que Víctor era novio de Emma, la buscaron hasta encontrarla.

“La esposa creía que yo era una trabajadora sexual, pensaron que era sólo una aventura pero él ya vivía conmigo». Debido a que una fotografía de Emma apareció en el periódico con el destacado: “El mejor show travesti de Amanda Miguel”, fue como «la familia de Víctor se enteró sobre mi identidad y decidieron buscarme para matarme. Así fue como regresé al entonces Distrito Federal”, hoy Ciudad de
México.

Emma narra que, al regresar a la capital mexicana, fue secretaria de bailarinas o vedettes y que al asistir a un espectáculo de una de sus grandes referencias, supo cuál sería su vocación.

“Cuando yo la vi bajar del escenario con su cabellera hasta las nalgas, el cuerpo
lleno de diamantina y con el clamor de los hombres, ahí supe que quería ser como ella”.

Ahí nació Emma Yessica Duvalli, una mujer transgénero dedicada al cabaret y al trabajo burlesque. “Mi nombre brilló en las marquesinas junto al de las vedettes más importantes de México”, cuenta con nostalgia. “Me creían mujer cisgénero. Mis compañeras transexuales siempre me preguntaban cuál era mi truco para ocultar mis genitales, pero ese es un secreto que me llevaré hasta la tumba”, narra entre risas y complicidad.

Al día de hoy, el álbum fotográfico de Emma está lleno de emociones y vivencias, pero sobre todo de un precedente para la comunidad transgénero en México.

Durante la charla, la ex-bailarina señala con sus dedos a cada una de sus amigas que fallecieron a causa del VIH/Sida en aquellos años, la mayoría de ellas víctimas de tratamientos de salud obsoletos; sin embargo, las pérdidas más dolorosas según Emma fueron las víctimas de transfeminicidios.

Duvalli está por llegar a los 60 años de edad y narra con pasión la incansable lucha que ha tenido a favor de los derechos de la comunidad trans en México.
Según relata, ella siente felicidad cuando ve caminando por la calle a muchas parejas LGBT+ tomadas de la mano. “Ahí es cuando creo que ha valido la pena todo el esfuerzo. Me gustaría dejar algo a las nuevas generaciones para que no olviden todo lo que algunas de nosotras hemos vivido…”

 

Entrevista por Damián Cervantes
Fotografías por Gastón Bailo

La mitad de mi vida la paso creando contenido y escribiendo; la otra mitad haciendo memes. Artista ya no tan frustrado.