Carta de un hijo gay a su madre - El Closet LGBT
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Fuera del clóset

Carta de un hijo gay a su madre

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Cuando tenía 10 años veía pasar a los niños y sentía algo diferente que cuando veía a las niñas, era pequeño, temeroso y no comprendía lo que me pasaba, a los 13 años entendí que ese sentimiento era un tipo de atracción, sin conocer el término ya sabía lo que me pasaba, me gustaban los niños.

Sufría mucho de acoso en la escuela, llegué a pensar que no era bueno esto que sentía, que lo que me pasaba con un compañero de curso no era correcto, lo que sentía por él no era algo real. Traté de alejar esto de mi vida, pero no podía, así que traté de actuar, de fingir; traté de ser otro chico, eso me llenó de tristeza y dolor.

Recuerdo cuando tenía 16 años alguna vez me dijiste que debería buscarme una novia. Cuando estaba en la universidad lo volviste a repetir en más de una ocasión, cuando decidí montar un teatro y presentarte a mi “novia” tú sonreíste, mamá. Por un momento sentí que te había engañado, pero no me creíste esa farsa, ambos nos dimos cuenta de esto, pero no lo mencionamos, creo que fue allí cuando entendiste que no era igual que otros chicos.

Ya con la edad de 25 años y armado de valor una noche te confesé que era gay, esa noche te pedí perdón por no ser el hijo que quizás hubieras querido que sea, me faltó fuerza para verte a los ojos, tenía miedo, me sentía vulnerable, y tú con una caricia en la mejilla y tus palabras cambiaste todo…

“Todo este tiempo estuviste solo con esto, pero ahora yo estoy contigo, eres mi hijo y yo nunca dejaré de amarte, no me imagino lo que debes haber sufrido guardándote esto, debiste confiar en mí y no, no te perdono, porque no tengo nada que perdonar”

Rompí en llanto, pero al mismo tiempo sentía que mi corazón volvía a latir.

Sabes, ha pasado tiempo desde que salí del clóset contigo, 5 años ya, desde entonces las cosas cambiaron, es cierto, cambiaron de una manera diferente a la que yo esperaba: dejaste de lado el prejuicio hacia los homosexuales, dejaste de cuestionar los desfiles y los cosas gays que veías en la televisión, cambiaste la frase “no deberían pasar esto en la tv” a “me gustaría ir contigo a la marcha que hacen”.

Las cosas cambiaron, hoy cuando mi novio se queda en casa a dormir a la mañana siguiente me preguntas si él se quedará a desayunar para acomodar un puesto más en la mesa, has tratado de integrarlo en la familia y por ello estoy más que agradecido, no solo por aceptarme como soy, no solo por entenderme, si no por abrir los ojos a un mundo más real, comprender que afuera de nuestro hogar no solo soy yo, hay muchos otros chicos y chicas que necesitan una madre, una amiga y gracias por estar dispuesta siempre a tender los brazos y ayudar.

El mundo sin duda puede ser a veces un lugar triste y sombrío, pero sabes es tu sonrisa la que iluminó mi vida, gracias a tu luz aprendí que yo también puedo brillar y encontrar el camino correcto que debo seguir, aprendí a no rendirme, a perseverar, aprendí a amar de la misma forma que tú lo haces, aprendí a ser incondicional, aprendí que la felicidad se puede alcanzar.

Preguntarás por qué te digo todo esto hoy, de seguro te preguntarás si me pasa algo malo, si corté con mi novio o si me encuentro mal de salud; lo cierto es que no tiene que acontecer nada de esto para decirte lo que siento, porque confío en ti porque puedo demostrarte que nunca más volví a ocultar lo que siento, lo que yo soy, soy gay, soy tu hijo y te amo mamá.

Actor y director de teatro, marketero apasionado y amante de la pizza con piña. Siempre sé tú mismo, sonríe, llora, canta y vive sin miedo a lo que digan los demás