La verdad sobre el "Baile de los 41": la fiesta clandestina LGBTQ+ reprimida en México - El Closet LGBT
Síguenos en

Fuera del clóset

La verdad sobre el «Baile de los 41»: la fiesta clandestina LGBTQ+ reprimida en México

Publicado

el

El “Baile de los 41” fue un escándalo mediático y social en los días siguientes al suceso y que pronto dio paso a la burla y al escarnio público. Con el paso del tiempo se convirtió en una leyenda y como tal se ha distorsionado al grado de que cada quien le quita, pone u omite algún detalle en la versión que cuenta. Eso ha creado tantas versiones del hecho que uno ya no sabe cuál creer. Con base en las notas periodísticas de esos días a continuación reconstruyo el “el famoso Baile” y destaco los detalles que han creado confusión.

El primer periódico en informar sobre el Baile fue El Diario del hogar, que dirigía Filomeno Mata, en una nota publicada el martes 19 de noviembre de 1901, “Baile de señores solos”, en la que se informaba: “Repugnante es el hecho que descubrió la policía el sábado en la noche en una casa de las calles de la Paz. Celebrábase ahí un baile en el que se estaba produciendo más ruido del necesario en una diversión”. El ruido fue lo que atrajo a la policía que “acudió y se encontró con que en el baile no había una sola mujer, pues la veintena que aparentemente estaba eran hombres vestidos con corpiños y enaguas, y pintados con colores y algunos hasta con aretes sobrepuestos”. La nota remata diciendo: “‘Mujeres’ y hombres se encuentran en la cárcel”.

Ese mismo martes 19 de noviembre, El Universal informaba en su propia nota, “Baile de afeminados”, que “Notó el gendarme de la 4ª calle de la Paz que en una accesoria se efectuaba un baile a puerta cerrada y para pedir licencia fue a llamar a la puerta. Salió a abrirle un ajembrado vestido de mujer, con la falda recogida, la cara y los labios llenos de afeite y muy dulce y melindroso de habla”. Al verlo, agrega la nota, al policía le dieron náuseas pero aún así entró a la casa intuyendo lo que se encontraría “y se encontró con cuarenta y dos parejas de canallas de estos, vestidos los unos de hombres y los otros de mujer que bailaban y se solazaban en aquel antro”. La nota amarillista dice que al policía le dieron ganas de tundirlos “a palos y bofetadas” pero prefirió llevárselos a la comisaría de donde después “fueron remitidos a [la cárcel de] Belem”.

También el 19 de noviembre de 1901 La Tribuna, en una nota titulada, “Por las comisarías”, informó: “En la casa número cuatro de la calle de la Paz, se daba un baile clandestino, haciendo los concurrentes gran escándalo. Presentándose la policía en el lugar del suceso, encontró haciendo gran bola a 42 individuos, muchos de los cuales se hallaban vestidos con trajes de mujer. Fueron todos los escandalosos conducidos a la comisaría, originando su conducción una rechifla general”.

Como puede notarse en los periódicos, el 19 de noviembre de 1901 fue martes. Es de suponer que el hecho no tuvo impacto inmediato hasta que alguien lo ventiló o fue a contarlo a la prensa, eso explicaría porqué estos tres diarios sacaron la noticia hasta el martes. En su nota, El Diario del hogar dice que el hecho sucedió el sábado en la noche, es decir el 16 de noviembre: para algunos eso puede ser que haya sucedido la noche del 16 o ya la madrugada del domingo 17 de noviembre, de manera que se podría establecer un rango permisible entre la noche de sábado o la madrugada de domingo. En varias versiones posteriores (la de Monsiváis, por ejemplo) se dice que el Baile sucedió el 18 de noviembre, lo cual no puede haber sido porque ese día fue lunes. Y en esos años aún no se conmemoraba, porque aún no sucedía, la Revolución Mexicana así que tampoco era día festivo.

Porfirio Díaz.

Hay otro detalle en estas tres notas: una dice que los asistentes era una veintena, otra asegura que eran 42 parejas y la última que eran 42 individuos. Si habían 42 parejas entonces eso quiere decir que eran el doble, 84 personas. Sólo señalo este detalle pero volveré a este punto más adelante.

Al día siguiente, el miércoles 20 de noviembre de 1901, aparecieron otras dos notas, una en El Universal, “Lo del baile de afeminados”, y la otra en El popular: Diario independiente de la mañana, “Un baile clandestino sorprendido”. Es preciso señalar que las anteriores notas de El diario del hogar, La Tribuna y El Universal eran unas notitas pequeñas, perdidas en el tabloide entre otras notas igual de minúsculas, sin mucha relevancia, en cambio la de El popular la pone en primera plana y a dos columnas.

La nota de El popular empieza diciendo: “La noche del domingo último, tuvo conocimiento la policía de la 8ª demarcación, de que en la casa número 4 de la calle de la Paz, se efectuaba un baile sin la licencia correspondiente”. Luego agrega que se le dificultó a la policía entrar a la casa pero ya adentro pasaron hasta el patio donde “encontró a cuarenta y dos individuos que bailaban una danza al son descompasado de una murga del barrio”. La policía notó que algunos estaban vestidos de mujer y que al percatarse algunos “pretendieron huir para quitarse los vestidos del sexo contrario al suyo; pero comprendiendo la policía que se trataba de algo grave, no dejó salir a ninguno y a los 42 aún los vestidos de mujeres fueron llevados a la Comisaría respectiva, de donde pasaron a la Cárcel de Belem, por ataques a la moral”. Como complemento a la nota, agregan comentarios llenos de prejuicios para luego escribir que entre los parroquianos “fueron reconocidos algunos de los pollos de Plateros que diariamente se ven por ahí”. La nota remata diciendo: “No damos a nuestros lectores más detalles, por ser en sumo asquerosos”.

Placa conmemorativa del incidente en la Ciudad de México.

Hay varios detalles más en esta nota que complementan o contradicen a las anteriores: para empezar, dice que el Baile fue “en la casa con el número 4 de la calle de la Paz”, punto en el cual coincide con La Tribuna, pero que es muy distinto de lo que escribió en su primera nota El Universal donde se dice que la casa estaba en la “4ª calle de la Paz”. En esos años se decía “la primera calle” para decir que era la primera parte de la calle, o sea, la primera cuadra, la segunda calle sería la segunda cuadra y así sucesivamente… ¿Entonces fue en la 4ª calle o cuadra, o bien, en la casa con el número 4? En este punto la confusión continúa y no se puede determinar el lugar exacto donde fue la fiesta.

Sin embargo, la mayoría de los periódicos coinciden en que la casa del Baile estaba en la cuarta calle (o cuadra) de la calle de la Paz. También en esos años las calles de la colonia Tabacalera tenían otros nombres pero hacia 1910 cambiaron la nomenclatura y así fue como la calle Artes pasó a llamarse Donato Guerra, Penitenciaria se llamó J. M. Lafragua, Tamaulipas cambió a Ignacio Ramírez, Inválidos se llamó Ignacio L. Vallarta, Exposición pasó a ser Ponciano Arriaga y la calle de la Paz ahora se llamó Ezequiel Montes. Además, esta nota dice que el Baile fue el domingo en la noche, es decir, el día 17, lo cual entra en el rango de la noche del sábado 16 o madrugada del domingo 17.

Esta nota del 20 de noviembre, El popular reitera que eran 42 asistentes (no el doble), que algunos estaban vestidos de mujer y que los atraparon a todos. En algunas versiones se ha dicho que algunos pudieron escapar por la azotea o se escondieron, de lo cual se deduce que pudieron haber sido más asistentes y que la policía “sólo” pudo atrapar a 42. A juzgar por esta nota, no fue así, sino que eran 42 en total, nadie huyó, y a los 42 los agarraron, los llevaron a la comisaría y luego los remitieron a la espantosa Cárcel de Belem.

El mismo 20 de noviembre El Universal publicó una breve nota en la que por primera vez se dice que “en el curioso baile de los ‘frescos’” había una mujer: “se encontró una mujer que difícilmente fue reconocida entre aquellos que verdaderamente tenían el aspecto de hembras”. Y agregaba que entre los asistentes “se notó que había afeminados de todas las nacionalidades”. La misma nota la reproduce al día siguiente, el jueves 21, La Patria periódico dirigido por Ireneo Paz (abuelo de Octavio Paz).

Ilustración de los castigos a los apresados.

Es justo en La Patria donde empieza a cambiar todo. Ya desde el título de su nota del viernes 22 de noviembre, “Los cuarenta y un bailarines”, falta una persona: todos los anteriores periódicos han dicho que son 42 y ahora en este se dice por primera vez que eran 41. También dice que el Baile fue la noche del domingo (el 17, que sigue en el rango que señalé al principio) y que fue en “la 4ª calle de la Paz”.

Pero ahora la versión es distinta: el policía que los descubrió no se acercó llamado por el ruido de la fiesta sino, según esta nota, fue porque estaba parado en su esquina desde donde “observó que llegaban continuamente carruajes conducidos por algunas parejas”, así que “movido por la curiosidad se acercó a la puerta de la casa observando que el patio había sido convertido en salón de un baile indecente”. Se quedó un momento viendo el baile y se dio cuenta de que todos eran hombres, algunos vestidos de mujer, “por lo que fue a dar parte a la 8ª Inspección”. A continuación, el comisario Manuel Palacios “determinó que acudieran al lugar algunos gendarmes disfrazados que permanecieron hasta las tres de la mañana”. Alrededor de esa hora llegó el inspector y por órdenes suyas se aprehendió “a 41 individuos entre vestidos de hombre y de mujer y a una vieja que cuidaba la casa y que había sido testigo con los gendarmes del baile que tanto ha dado que decir en todas las clases”.

Suena más lógico que el policía que descubrió el Baile, ya sea por el ruido o por los carruajes, haya ido a buscar refuerzos pues él solo no habría podido aprehender a 42 personas y, entonces sí, varias habrían podido fugarse por la azotea, esconderse o huir por la misma puerta. Agrega que “a las tres de la mañana” el inspector dio la orden de apresarlos, es decir, la madrugada del domingo 17.

Esta nota de La Patria (viernes 22 de noviembre) agrega un par de cosas importantes: primero, que fueron consignados al gobernador del Distrito quien “resolvió, desoyendo todas las influencias, que se han movido”, que 22 de los bailadores, los que estaban vestidos de hombre, pasaran “al cuartel del 24 batallón” donde los raparon. Y los 19 restantes, que eran los que estaban vestidos de mujer, “se encuentran por lo pronto en el cuartel de la Montada, para ser consignados al servicio de las armas”. En segundo lugar, confirma que en el hecho estuvieron involucrados personajes de la alta sociedad porfiriana: “Lo vergonzoso y altamente irritable es que entre los aprehendidos hay muchos que han figurado en el boulevard de Plateros y son hijos de buenas familias”. Las influencias entonces no se hicieron esperar, pues es de suponer que esas buenas familias actuaron pronto para rescatar a su familiar involucrado pero, según la nota, el gobernador del Distrito desoyó todas esas influencias que empezaron a mover sus contactos.

Imagen de la película basada en el evento.

Todo lo anterior amerita más puntualizaciones: para empezar, hacen referencia a los “pollos” o dandis de la calle Plateros, esta calle ahora la conocemos como Madero, en el mero Centro Histórico, pero en esa época era la calle donde estaban las tiendas de moda, por donde paseaba lo mejor de la sociedad y en la que se daba un discreto pero frecuente ligue gay callejero (sobre esto último remito a lo que cuenta Salvador Novo en La estatua de sal). Por otro lado, como ya se vio, la nota de La patria es la primera que habla de 41 personas, más la señora que cuidaba la casa, que también fue detenida, ¿eso quiere decir que, en efecto, eran 41 maricones pero contando a la señora ya dan los 42 detenidos que contabilizaban los periódicos al principio? ¿O es verdad que uno escapó o por sus influencias lo dejaron libre?

Todas las notas que he citado no están firmadas por nadie y tampoco se dice o se describe si el policía o el comisario o el inspector o el gobernador del Distrito son entrevistados, declararon parte de lo que se dice o son la fuente de información que se menciona en dichas notas. Por otro lado, Ireneo Paz era un periodista liberal que estaba en contra de la dictadura de Porfirio Díaz, de manera que este escándalo fue motivo de sobra para que desde su periódico golpeteara más a ese gobierno. A pesar de todo eso, estas notas son el único testimonio, la única fuente de información que circuló en esos días y con la que contamos ahora para tratar de reconstruir, con todas sus contradicciones, el famoso Baile.

El mismo viernes 22 de noviembre, El País informa que un señor llamado Antonio C. González se presentó en sus oficinas para aclarar que “nada tiene que ver con su homónimo que fue presentado el domingo anterior en el baile de la calle de la Paz”, así que para no ver manchado su nombre se apersonó para dejar claro que el otro era un homónimo. Algo semejante sucede al día siguiente (sábado 23 de noviembre) en El País pues informa que otros dos señores, Ángel Herrera y Jesús Solórzano Pliego, hicieron la misma aclaración, el primero se presentó y el otro envío una carta: no eran ellos los que estaban en el “repugnante baile”. Esto da un poco la idea de la dimensión que el escándalo ya tomaba, por eso la gente empezaba a deslindarse, era un deshonor, una vergüenza verse involucrado, así haya sido por error o coincidencia, en un hecho que la sociedad condenaba.

En otro texto más extenso, “El baile nefando”, una especie de editorial y sermón, El País publica el viernes 22 de noviembre, luego de párrafos moralistas, que “a nuestras noticias de ayer debemos agregar hoy que han sido ya remitidos a Yucatán Norberto Palacios, Ángel Herrera, Antonio Córdoba, Alberto Álvarez, Saúl Revilla, Jesús Hernández, Narciso Díaz, Juan López, Rosalio Guzmán, Luis González Rodríguez, Miguel Guzmán y Juan Sandoval”. Pero pronto aclara que “no pocos de los nombrados se han cambiado de nombres”. Agrega que primero van en tren a Veracruz y luego “serán embarcados en el vapor ‘José Romano’, con su rumbo a Yucatán, en donde prestarán servicios de soldados”. Y finalmente confirma que “ayer se movieron muchas influencias para evitar, respecto de algunos, el terrible cuanto merecido procedimiento; pero la autoridad ha sido inflexible, con aplauso de toda la sociedad”.

Hay aquí otros puntos qué aclarar: en las primeras notas se decía que de la comisaría fueron remitidos a la cárcel de Belem pero, al parecer, conforme avanzaban los días, la gente estaba ávida de más información sobre el caso de manera que los periódicos empezaron a buscar más detalles así que ahora informan que no están en la cárcel, sino que a unos los mandaron al cuartel del 24º batallón y otros fueron llevados al cuartel de la policía Montada. Es probable que, dado la presión de las personas influyentes que querían rescatar a sus familiares, la sentencia se diera con tal rapidez, eso explicaría porqué en menos de una semana se determinó que fueran enviados a Yucatán.

Las notas periodísticas continuaron el sábado 23 de noviembre centrándose en el viaje a Yucatán. “El baile escandaloso”, nota de El Imparcial, tiene ese tono condenatorio pues dice que por la prensa ha circulado “una historieta repugnante”, que en el Baile “tomaban parte individuos de malas costumbres” y que algunos aseguran que entre ellos hay “personas de posición encumbrada pertenecientes a familias muy distinguidas”. Y luego rectifica esas opiniones pues según ellos “en la referida reunión, excesivamente inmoral y escandalosa” había hombres “muy conocidos por sus costumbres depravadas”. Aclaran también que “todos los presos han sido enviados a Yucatán pero no –como se ha dicho– a formar parte en las filas de los valientes soldados que hacen la campaña; sino que se les empleará en trabajos de zapa, como abrir brechas, rellenar bajos, abrir fosos y levantar fortificaciones pasajeras”.

El País vuelve sobre el asunto de Yucatán en una nota de ese sábado 23 de noviembre, “El baile de solo hombres”. Confirma lo dicho un día antes, cuando enlistaron algunos nombres: “Como dijimos en nuestro número de ayer, doce de los capturados en la casa de la 4ª calle de la Paz, fueron enviados a Veracruz, junto con siete rateros que también van consignados al servicio de las armas”. Para poderse llevar a esos doce, dice la nota, primero los despertaron a las 5:30 de la mañana para pasar lista en el 24º batallón y, cosa curiosa, llegado su turno en la lista, el 13 “que era un pelado” dijo: “Presente, mi capitán, pero hago constar que yo voy consignado por ratero, no soy de esos”. Esta nota agrega información importante. Que cuatro de ellos o sus familiares, madre, hermano y hasta una esposa, pidieron un amparo para no ser llevados a Yucatán. Y que no se sabe cuándo va a salir el otro grupo de detenidos, los que están en el cuartel de la Gendarmería Montada, “estos están ya rapados y por consiguiente no llevan en la frente los rizos que se hicieron para concurrir al baile”.

Agrega El País algo todavía más importante: “Se dice que dos o tres que ocupan buena posición no serán enviados a Yucatán, pues se les aplicará una multa muy fuerte”. Y a continuación se lanzan en contra de esta medida: “Creemos que el señor Gobernador, sin fijarse en miramientos sociales ni consideraciones de ningún género, aplicará el castigo por igual a todos los individuos que han caído bajo la acción de la justicia” por lo que “esperamos que todos ellos sean eliminados de la capital”.

El mismo sábado 23 de noviembre El popular y La patria publican información relativa a Yucatán. Escriben lo que ya se sabe: que el jueves, los 19 detenidos fueron despertados muy temprano en el 24º Batallón, que los llevaron a la estación del tren en Buenavista con rumbo a Veracruz y luego allí abordarían un barco que los llevara al “extremo oriente de la Península de Yucatán”. Y luego otra vez el tono condenatorio: “Los diecinueve individuos mencionados iban hechos una lástima, lamentando su amor al baile y a otras cosas. En la estación se desarrollaron las escenas más lastimosas, las familias de los consignados fueron a despedirse de ellos y lloraban lastimosamente su desgracia”. Lo más revelador de estas notas es que citan los nombres de esos 19: “He aquí los nombres de los sorprendidos en el baile: Pascual Barrón, Epitacio Morales, Benjamín y Pedro Flores, Pascual Fernández, Teodosio Flores, Abundio Hernández…”, etcétera, y rematan: “De estos nombres que en su mayoría están suplantados, han sido identificados: Jesús Solórzano, Jacinto Luna y Carlos Zozaya”.

Imagen de la película «El baile de los 41» centrada en la vida de Ignacio de la Torre, yerno de Porfirio Díaz.

En ninguna de las tres notas que citan nombres de los detenidos se menciona al yerno de Porfirio Díaz, Ignacio de la Torre. Si estaba entre los que fueron al cuartel de la policía Montada o entre los dos o tres que posiblemente sólo fueron multados, eso no puede saberse, es posible que el surgimiento de su nombre quizá se deba a un rumor propagado por la misma gente pues a estas alturas el Baile ya se había convertido en un escándalo público y todo mundo tenía interés en él magnificándolo. Lo anterior lleva a otras incógnitas, ¿era Nacho de la Torre el 42 y, como se ha especulado todos estos años, al salvarse él quedaron los famosos 41?, ¿o el 42 en realidad era la señora que detuvieron esa noche junto con todos los demás? O bien, entre los dos o tres que sólo iban a recibir un fuerte multa, ¿uno de ellos pudo haber sido Nacho de la Torre? Planteo estas preguntas porque con base en las notas ya citadas no se puede dar una conclusión sobre este punto.

Al agotarse las noticias, los hechos en sí, empiezan a abundar los rumores y sobre todo la burla. A los textos moralizantes y condenatorios, algunos de los cuales ya he citado, ahora se suma un corrido “El fusil y no las faldas” (no el muy conocido de Posada sino otro firmado por un tal “Khit”, El País, viernes 23 de noviembre), se recrean supuestas escenas de los que viajan a Yucatán lamentándose afeminadamente por su destino, otra nota se titula “Los chismitos del día”, en otra dos comadres platican socarronamente sobre “los maricones”, una más publica supuestas cartas que los detenidos envían desde la península yucateca…

Finalmente, los enviaron a Yucatán porque durante esos años el ejército mexicano libraba una guerra contra comunidades mayas que luchaban por independizarse de México y querían formar su propia república. Algunas de las notas dicen que los 19 no fueron como milicianos, sino en apoyo del ejército mexicano. Al parecer, nunca regresaron a la Ciudad de México y se cree que murieron allá y que están enterrados en Cancún.

Escritor y editor. Desde la preparatoria ha participado en organizaciones de lucha contra el sida, fue conductor del programa de televisión Guau!, de Telehit, y es editor de Quimera ediciones, la primera editorial gay de México. Es autor de "No recuerdo el amor sino el deseo" (2008) y "La síntesis rara de un siglo loco" (2017), además de coautor de "México se escribe con jota. Historia de la cultura gay" (2010) y antologó “Un amar ardiente. Poemas a la virreina” (2017), de sor Juana Inés de la Cruz.